Luton era un pequeño aeropuerto. Víctor estaba emocionadísimo, había comprado por internet un billete de tren hasta Birmingham, así que tenía que buscar... miró su recibo impreso... Luton Train Parkway. ¿Dónde estaría eso? no debía ser muy difícil. Iluso de él.
Salió a del aeropuerto y vio las paradas de los autobuses que llevaban a Londres. Decidió preguntar a uno de los conductores de autobús que estaba esperando que el suyo se llenase.
El tipo tenía buena intención, y además chapurreaba el español, así que le explicó más o menos donde estaba, pero no cómo llegar.
Finalmente, y tras conocer a otro español que también estaba teniendo problemas con la endiablada máquina de comprar los billetes, Víctor reconoció a un tipo que había volado en la tripulación del avión que le había traido.
Él les explicó todo, y pudieron ir a la estación de tren.
Con soltura y confianza, pero ya comprobado que a los ingleses se les entiende fatal, Víctor preguntó al vnededor de billetes de la estación de trenes que qué tenía que hacer.
Lo que pasó fue que Víctor le dio el papel con la reserva impresa, la tarjeta con la que lo había comprado, y el señor le arregló todo para que puediera viajar.
La estación era muy pequeña, sólo 4 andenes.
Eran como el medio dia allí, y su tren tardaría como una hora en llegar.
Víctor sacó su libro otra vez y se puso a leer, aunque de vez en cuando sacaba los billetes de tren, que todavía no había comprendido bien.
Un tipo canoso se sentó junto a él. Era el típico inglés. Ojos azules, enjuto, dentadura prominente, pero con una afabilidad que se reflejaba en su cara.
De alguna forma comenzaron a hablar, el tipo tenía un traductor de bolsillo y con más voluntad que con talento, mantuvieron una agradable conversación.
Resultó que viajarían en el mismo tren y Steve, que así era como se llamaba este señor, le contó a Víctor interesantísimas anécdotas sobre la historia de Gran Bretaña, y por qué se llaman como se llaman las ciudades y tierras de las Midlands inglesas.
El paisaje se movía y mostraba una tierra plagada de campos fértiles de vez en cuando salpicada con viejas estaciones de ferrocarril que estaba claro habían sido importantes zonas de trabajo, carga y descarga en la época en que aquella zona era conocida como el taller de Europa.
Steve y Víctor se separaron en Leicester, donde Steve tuvo que tomar un tren hacia Derby, donde trabajada para Rolls Royce.
Víctor, no sin antes agradecer a Steve su ayuda ofrecida y su inestimable conversación, montó en el tren que se dirigía a Birmingham. New Street Station.
En el vagón estaban dos chicas de origen indio preciosas, charlaban animadamente y se reían mucho. Víctor se dio cuenta que estaba hambriento, desde las 8 de la mañana no comía nada y eran casi las 3 de la tarde.
Sacó el sandwich que le quedaba y el pequeño zumo que había conseguido colar en el avión y lo comió con contemplación, para disfrutar el momento, sabía que le quedaba bastante para poder volver a pararse a comer.
El tren se puso en marcha y fue cruzando el resto de las Midlands que restaban hasta la segunda ciudad más grande de Inglaterra.
Pronto llegó a Birmingham.
Durante un momento Víctor pensó en ir andando hasta la residencia cuya dirección le habían enviado por mail. Pero el cansancio ya era grande, hacía más de 12 horas que había salido de su casa, y decidió coger un taxi.
La sorpresa del día le esperaba en la residencia.
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